Las aficiones de los padres se trasmiten a los hijos con mucha facilidad, en casa tengo un claro ejemplo ya que a mi marido le encantan las películas de artes marciales: saltos, patadas, posiciones increíbles, filosofía oriental… y mis hijos, especialmente mi hija de ocho años, tiene su misma inclinación; tanto es así que su canción favorita es aquella en la que su heroína preferida Mulan, se entrena para el combate y enfrentarse con los temidos Hunos que amenazan el imperio chino.
Muchas veces la sorprendo saltando de la cama al suelo con una pierna estirada hacia arriba, poniendo caras de concentración o rodando por el suelo imaginando luchas ficticias. Disfruta enormemente cuando en las películas gana el chino bueno porque, aunque bueno y malo luchan de maravilla, el bueno tiene una motivación y una preparación espiritual que le permite vencer. Mi hija se emociona cuando el personaje principal muestra ese dominio, no sólo de su cuerpo sino de su mente. La fuerza interior y disciplina que hace que el cuerpo pueda convertirse en arma poderosa.
Las artes marciales, pese a ese componente de lucha tan importante (marcial es una palabra referente a la guerra y combate) no se trata de un deporte en el que se potencie la violencia ya que tiene un trasfondo ético y filosófico que puede ser muy útil para la convivencia de los niños.
La práctica de artes marciales, además de suponer un deporte completo para que los niños desarrollen su coordinación, flexibilidad, potencia, habilidad y estrategia, puede ayudarles a relacionar y combinar armoniosamente las capacidades físicas con las mentales, ya que los deportes como el judo, el kárate, el kunfú, el taek-wondo, etc. van íntimamente relacionadas con la autodefensa y la armonía cuerpo y mente.
Para los niños moviditos puede ser unos de los deportes más indicados, ya que canalizarán sus energías de manera positiva y controlada. Los seis años son una buena edad de iniciación. Generalmente, en las prácticas de inicio en estos deportes no se realizan todavía competiciones, sino, “catas” o técnicas de control del propio cuerpo fundamentalmente. La práctica del judo u otras artes marciales ofrecen a los niños la posibilidad de realizar distintos movimientos y técnicas para conocer y dominar su cuerpo, para mantener una comunicación motora con el compañero o contrincante, para esquivar al contrincante y para saber caer al suelo, evitando lesiones. Además, suponen una buena fuente de trasmisión de valores, de motivación y de toma de decisiones.
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jueves, 10 de mayo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
Queridos papás
Hay papás jóvenes, en plenas facultades y papás con las fuerzas más mermadas o quizás algo arrugaditos; papás que caminan junto a sus hijos y otros que los han dejado ya volar..., y aquellos a los que querer y recordar para siempre y que viven en el corazón y memoria de sus hijos.
Aún con la cantidad de tiempo que ha pasado desde que perdí a mi padre, recuerdo muchísimas de sus enseñanzas, de sus mimos (quizás por ser la más pequeña), de su estímulo para hacer las cosas mejor y, por qué no decirlo, de esa cara de severidad que hacía bajar la cabeza ante una mala acción, sin necesidad de articular una sola palabra…
Que soy hija de mi padre y a mucha honra, es evidente… cuando miro mis manos en el espejo y mis dedos me recuerdan a los suyos, cuando le recuerdo con admiración y amor, incluso cuando sinceramente creo que mi marido se le parece en su forma de ser y en su inteligencia (¿será verdad eso que dicen que las chicas en la adolescencia se fijan en modelos de hombre parecidos a los de su padre?)
El primer significado de padre es el de un hombre que ha tenido hijos, pero ser padre es mucho más que eso, si no, que se lo pregunten a sus hijos. De la misma manera, también las madres sabemos darnos cuenta de la importancia de la figura del el padre de nuestros hijos en nuestras vidas y en las de ellos: el disfrute de nuestra maternidad, así como el equilibrio y salud física y emocional de los hijos son mucho más fáciles de conseguir con la presencia responsable y amorosa de un padre en nuestras vidas. No es algo que yo me invente, se sabe bien que en las familias monoparentales se dan muchas más dificultades en todos los terrenos (no sólo en el económico) que en aquellas familias en que existe un padre, y el cuidado y responsabilidad de los hijos recae en ambos progenitores.
Perdí prematuramente a mi padre, pero ahora tengo la suerte de tener a mi lado al padre de mis hijos y os puedo decir que me siento feliz de que mis hijos tengan este magnífico papá. Quizás los papás actuales no impongan tanto respeto como los de antes a sus hijos, pero creo que han ganado en cercanía y cariño a sus antecesores. La madre ya no es en solitario la dispensadora de ternura, emociones y besos; de la misma manera que el padre ya no es el representante único de la autoridad y el saber. Nuestros papeles parecen que se han acercado, pero en absoluto creo que sean iguales y redundantes.
La figura del padre es necesaria para el desarrollo psicológico y equilibrado de los hijos; he leído que, especialmente en la adolescencia, el padre tiene un papel muy relevante; pero añadiría que no menos importante en la primera infancia. Nuestros hijos ven a sus papás como verdaderos héroes, los admiran, los aman, quieren ser como ellos… son un espejo en el que mirarse, un modelo a imitar, un brazo aguerrido al que afianzarse y un compañero de juegos enérgico e incansable.
Vosotros, padres, sois PAPÁS con mayúsculas porque os derretís con vuestros hijos; se os ve en cómo los miráis, en cómo sois los más rápidos en saciar sus ganas de aprender, en cómo les enseñáis a tener iniciativa, en cómo confiáis en sus propias habilidades y decisiones… Así que hoy, queridos papás, sabed que sois estupendos, ¡felicidades en vuestro día! Recibid un merecidísimo beso de esos pequeños corazones sinceros y amorosos de vuestros hijos y la gratitud de vuestras compañeras de viaje.
Patro Gabaldón
Aún con la cantidad de tiempo que ha pasado desde que perdí a mi padre, recuerdo muchísimas de sus enseñanzas, de sus mimos (quizás por ser la más pequeña), de su estímulo para hacer las cosas mejor y, por qué no decirlo, de esa cara de severidad que hacía bajar la cabeza ante una mala acción, sin necesidad de articular una sola palabra…
Que soy hija de mi padre y a mucha honra, es evidente… cuando miro mis manos en el espejo y mis dedos me recuerdan a los suyos, cuando le recuerdo con admiración y amor, incluso cuando sinceramente creo que mi marido se le parece en su forma de ser y en su inteligencia (¿será verdad eso que dicen que las chicas en la adolescencia se fijan en modelos de hombre parecidos a los de su padre?)
El primer significado de padre es el de un hombre que ha tenido hijos, pero ser padre es mucho más que eso, si no, que se lo pregunten a sus hijos. De la misma manera, también las madres sabemos darnos cuenta de la importancia de la figura del el padre de nuestros hijos en nuestras vidas y en las de ellos: el disfrute de nuestra maternidad, así como el equilibrio y salud física y emocional de los hijos son mucho más fáciles de conseguir con la presencia responsable y amorosa de un padre en nuestras vidas. No es algo que yo me invente, se sabe bien que en las familias monoparentales se dan muchas más dificultades en todos los terrenos (no sólo en el económico) que en aquellas familias en que existe un padre, y el cuidado y responsabilidad de los hijos recae en ambos progenitores.
Perdí prematuramente a mi padre, pero ahora tengo la suerte de tener a mi lado al padre de mis hijos y os puedo decir que me siento feliz de que mis hijos tengan este magnífico papá. Quizás los papás actuales no impongan tanto respeto como los de antes a sus hijos, pero creo que han ganado en cercanía y cariño a sus antecesores. La madre ya no es en solitario la dispensadora de ternura, emociones y besos; de la misma manera que el padre ya no es el representante único de la autoridad y el saber. Nuestros papeles parecen que se han acercado, pero en absoluto creo que sean iguales y redundantes.
La figura del padre es necesaria para el desarrollo psicológico y equilibrado de los hijos; he leído que, especialmente en la adolescencia, el padre tiene un papel muy relevante; pero añadiría que no menos importante en la primera infancia. Nuestros hijos ven a sus papás como verdaderos héroes, los admiran, los aman, quieren ser como ellos… son un espejo en el que mirarse, un modelo a imitar, un brazo aguerrido al que afianzarse y un compañero de juegos enérgico e incansable.
Vosotros, padres, sois PAPÁS con mayúsculas porque os derretís con vuestros hijos; se os ve en cómo los miráis, en cómo sois los más rápidos en saciar sus ganas de aprender, en cómo les enseñáis a tener iniciativa, en cómo confiáis en sus propias habilidades y decisiones… Así que hoy, queridos papás, sabed que sois estupendos, ¡felicidades en vuestro día! Recibid un merecidísimo beso de esos pequeños corazones sinceros y amorosos de vuestros hijos y la gratitud de vuestras compañeras de viaje.
Patro Gabaldón
miércoles, 7 de marzo de 2012
Aprender a caminar: un gran logro para los bebés
¿En qué momento se despierta en nuestro bebé el deseo de ponerse en pie e intentar caminar, aunque sea agarrándose a los muebles? Patalear, balancearse, rectar o gatear son unos “pasos previos” importantísimos para que nuestro bebé comience a caminar; son el entrenamiento previo que le proporciona potencia muscular, precisión en los movimientos, coordinación y equilibrio.
¡Empezar a caminar resulta una auténtica proeza! Pese a las innumerables caídas y golpes que se dan durante el aprendizaje, los bebés, valientemente, no dejan de intentar ponerse en pie y ejercitar lo aprendido. La carita que acompaña los primeros pasos es pura adrenalina: la imprecisión de sus pasos, las piernitas arqueadas, los tambaleos, la concentración, las manitas apretadas, los cortos pasitos de muñeca, los acelerones bruscos y las culetadas son imágenes maravillosos de contemplar para los padres, y suponen un gran logro para los bebés.
Aunque a partir del año, la mayoría de los bebés empiezan a dar sus primeros pasitos, agarrándose de la mano de sus papás o asiéndose a los objetos a su alcance; algunos experimentados se atreven ya a caminar pequeñas distancias. Otros, más perezosos o inseguros, todavía no parece que tengan intención de empezar. Estos últimos, en principio, no precisan de nuestra atención, si observamos que están en el camino y experimentan interés por gatear y desplazarse de alguna manera; sólo necesitarán algo más de tiempo, ya que no todos los bebés tienen la misma tonicidad muscular, ni el mismo peso, ni la misma inquietud.
El proceso de caminar puede durar todo un año, en el segundo año de vida el bebé habrá alcanzado un nivel bastante aceptable en el desplazamiento erguido, además de haber aprendido o perfeccionado la mejor manera de caer o levantarse, es muy raro que un niño se haga daño cuando cae al caminar a no ser que se golpee con algún objeto. Durante este segundo año empiezan a familiarizarse con su nueva manera de desplazarse y con sus pérdidas de equilibrio, perfeccionan el proceso cambiando el sentido de la marcha, frenando o trasportando objetos en las manos. Los bebés, a los dieciocho meses, ya empiezan a dominar la técnica y desarrollan otras capacidades motrices como dar patadas a la pelota, arrastrar o empujar un juguete, bailar, agacharse, intentar saltar o caminar de puntillas. Nuestro bebé está preparado para ver mundo y desarrollar otras muchas habilidades en el futuro.
Patro Gabaldón
¡Empezar a caminar resulta una auténtica proeza! Pese a las innumerables caídas y golpes que se dan durante el aprendizaje, los bebés, valientemente, no dejan de intentar ponerse en pie y ejercitar lo aprendido. La carita que acompaña los primeros pasos es pura adrenalina: la imprecisión de sus pasos, las piernitas arqueadas, los tambaleos, la concentración, las manitas apretadas, los cortos pasitos de muñeca, los acelerones bruscos y las culetadas son imágenes maravillosos de contemplar para los padres, y suponen un gran logro para los bebés.
Aunque a partir del año, la mayoría de los bebés empiezan a dar sus primeros pasitos, agarrándose de la mano de sus papás o asiéndose a los objetos a su alcance; algunos experimentados se atreven ya a caminar pequeñas distancias. Otros, más perezosos o inseguros, todavía no parece que tengan intención de empezar. Estos últimos, en principio, no precisan de nuestra atención, si observamos que están en el camino y experimentan interés por gatear y desplazarse de alguna manera; sólo necesitarán algo más de tiempo, ya que no todos los bebés tienen la misma tonicidad muscular, ni el mismo peso, ni la misma inquietud.
El proceso de caminar puede durar todo un año, en el segundo año de vida el bebé habrá alcanzado un nivel bastante aceptable en el desplazamiento erguido, además de haber aprendido o perfeccionado la mejor manera de caer o levantarse, es muy raro que un niño se haga daño cuando cae al caminar a no ser que se golpee con algún objeto. Durante este segundo año empiezan a familiarizarse con su nueva manera de desplazarse y con sus pérdidas de equilibrio, perfeccionan el proceso cambiando el sentido de la marcha, frenando o trasportando objetos en las manos. Los bebés, a los dieciocho meses, ya empiezan a dominar la técnica y desarrollan otras capacidades motrices como dar patadas a la pelota, arrastrar o empujar un juguete, bailar, agacharse, intentar saltar o caminar de puntillas. Nuestro bebé está preparado para ver mundo y desarrollar otras muchas habilidades en el futuro.
Patro Gabaldón
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